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Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos.

Rayuela, capitulo 93, Julio Cortazar
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martes, 7 de junio de 2011

Haruki Murakami - El guardián entre el centeno.

Terminé de leer Tokyo Blues - Norwegian wood de Murakami hace unos pocos minutos. Es el tercer libro que leo de él y lo primero que se me viene a la mente para decir es que, en mi experiencia, escribe siempre el mismo libro de diferentes maneras.
Estaría equivocado.

Tokyo Blues sigue la línea narrativa y los temas tratados con respecto a sus otros libros. Habla sobre las dificultades de vivir y de crecer. Sobre las decisiones que uno toma y sus consecuencias, sobre como reaccionamos a estas y que acontece en nuestro interior mientras vivimos todo esto. En este libro en particular nos habla que no importa cuan sincero seamos, cuan buenos y aparte nos pongamos de la supuesta mediocridad de la gente, siempre vamos a tener problemas y vamos a tener que afrontarlos e incluso dejarlos atrás.

Sí, parece estar hablando de lo mismo, pero en cada libro lo hace desde otros lugares, desde otros ángulos, cada libro parece ser un capitulo de un gran libro. Un momento diferente de nuestras vidas y los problemas que enfrentamos. La interioridad que logra Murakami con sus protagonistas me produce un efecto increíble. Aunque no tengo nada en común con ellos, me siento completamente identificado. No es una identificación a nivel experiencia de vida, sino de sentimientos. Los conflictos de Murakami no son de resolver una situación determinada. Ni siquiera sobre el amor, casi omnipresente en sus tramas. Murakami establece un conflicto con los sentimientos que sus protagonistas (y nosotros mismos) sienten hacia si mismos. Con como se ven en su fuero interno. Y al menos en mi parece estar tocando siempre la nota indicada.

Ah, por cierto. Mientras leía las primeras cien páginas me encontré pensando en que tenía un tono muy similar al libro de Salinger que puse de titulo de la reseña. Lo curioso fue que al dar vuelta la página un personaje le dice al protagonista: "¿No intentaras parecerte al personaje de "El guardián entre el centeno?"

Me cacho en dios, eso si es habilidad para dirigir los pensamientos del lector.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Leyendo un poco: Crónica del pájaro que da cuerda al mundo

            Cuando leo a Murakami no puedo evitar tener la sensación de estar frente a un espejo. Es como si uno no estuviese leyendo ficción, como si el autor no nos contase nada nuevo. Simplemente los rincones oscuros o luminosos que hay dentro de uno. Y con Crónicas del pájaro que da cuerda al mundo demuestra que sabe mucho sobre rincones oscuros.

            Ya hablé sobre su prosa en la reseña de Al sur de la frontera, al oeste del sol, y sigue cumpliéndose lo mismo para este libro. Pero, lo que se vuelve más complejo, más intricado, es la trama. Saltando de un registro narrativo a uno epistolar o periodístico, avanzando y retrocediendo en el tiempo, Crónicas es un libro espeso (y encima voluminoso) de leer; uno no termina de saber realmente hacia donde nos lleva, aunque creo que nunca hay lugar para dudar de qué se trata.

            Crónica del pájaro que da cuerda el mundo, como (a mi parecer) todas las novelas que leí de autores orientales, no soportaría un análisis exhaustivo con criterios occidentales: la historia del protagonista pareciera no tener un verdadero desenlace, aunque sí las otras que giran a su alrededor, y aun así uno se siente satisfecho al cerrar el libro

            No puedo dejar de pensar que veo en esta novela el reflejo metafórico de lo que acontece ahora en mi vida, pero al mismo tiempo no me cabe duda de que ésa es la intención de Murakami, que se me perfila como un maestro en contar las vicisitudes del pensamiento, del alma y de la vida del ser humano. Esta vez, no sobre los sueños sin realizar y olvidados, sino sobre los caminos de la vida, los embrollos que ésta nos presenta y cómo, no importa lo que hagamos ni cuán grandes sean los gigantes a los que nos enfrentamos, debemos dar batalla o asumir las consecuencias con pesadez.