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Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos.

Rayuela, capitulo 93, Julio Cortazar
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miércoles, 3 de julio de 2013

El relato de los viernes: Soy Sola


El café frío, el pan duro, la chica junto a la ventana, el silencio justo a su lado, las telarañas en el techo, el pelo largo que le cae por delante y por detrás de sus hombros, ni un solo mechón sobre su rostro.
            Hace una hora que espera. Ni el vidrio le devuelve el reflejo. Una araña se digna a bajar desde el techo para posarse en su hombro.
         
   Por un instante no dicen nada, solo se miran.

No va a venir.
Lo sé.
Como no vino ayer.
Lo sé.
Ni ningún día desde hace dos meses.
¡Lo sé!
¿Y por qué lo esperas?
No sé.
¿Por qué lo esperas?
Todos los demás están muertos. No queda nadie más.
Eso no es cierto.
Lo es para mí.
¿Entonces?
“¿Entonces?” ¿Qué?
Nada.
No tenés mosquitos para comer allá arriba. Digo, en vez de molestarme.
No, no, ya cené.
Son las tres de la tarde.
Los humanos tienen los horarios más raros del mundo.

            Ambos miran por la ventana.

¿Estás seguro?
Sí.
No va a venir.
No.
Lo sabía…
Lo sé.
Lo sabía. ¡Lo sabía! ¡LO SABÍA!
            Golpea la mesa con la palma de la mano.
Lo sabía…
¿Qué vas a hacer?
Nada. Están todos muertos.
Vos los dejaste ir.
¿Por qué la conciencia de pinocho era un grillo?
Un error de interpretación, supongo.
Entiendo.
Vas a estar bien.
Sí.
Hasta mañana.
Chau.

            El café frío, el pan duro, la mesa sola, las telarañas y el silencio por todos lados.


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