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Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos.

Rayuela, capitulo 93, Julio Cortazar
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martes, 16 de abril de 2013

Lecturas: Ana y las Olas de Mario Mendez

Entre las cosas que estuve leyendo estas semanas se incluye la colección que está sacando Tinta Fresca sobre Literatura Infantil y Juvenil en puestos de diarios y revistas. Entre los títulos que salieron está Ana y las Olas de Mario Mendez, aprovechando que lo tengo de profesor este cuatrimestre en la UBA decidí que era momento de leer algo de él. Tengo que admitir que no es un titulo que hubiese comprado por mi cuenta, mucho menos me hubiese tomado el tiempo de leerlo. En general mis peripecias como lector van a hacia otros géneros. Ese fue el error número uno. Es que a primera vista es una historia de amor, pero si me hubiese tomado el tiempo de leer la promoción me habría dado cuenta que es una novela histórica no sin poca acción entre sus páginas. Cuenta la historia de amor entre dos Anas y dos Lucios. Una histórica y tres ficticios. Una hace muchos, muchos años y otra hace tan poco que podría ser hoy mismo.
Y una lectura superficial solo te daría eso: amor y acción. Pero hay algo más, al terminar de leerlo es evidente que Mendez habla de otra cosa que no necesariamente entra en ninguno de esos géneros. Ana y las olas es una novela sobre aceptar que la vida no se queda quieta, que como las olas es un vaivén de hechos y sucesos y algunos te golpean como una ola gigante tirándote contra la escollera y otros te mesen suavemente mientras flotas mirando el cielo. Es una novela que te dice que hay que superar esos resquemores que tenemos ante los cambios, esos celos ante esa otra persona que invade tu vida, que sale aparentemente de la nada. Porque esa persona podría ser, casi con seguridad, un inmenso motivo de felicidad en tu vida.

Me olvidaba de un aspecto muy importante del libro, lo que primero ayudó a que le diese una oportunidad: Los dibujos de Leicia Gotlibowski (espero haberlo escrito bien). Ya la ilustració de cubierta me encantó y el trabajo interior, aunque blanco y negro no pierde en fuerza ni expresividad. Mi ilustración preferida: Los perros acercandose a Lucinho.
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