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Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos.

Rayuela, capitulo 93, Julio Cortazar
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jueves, 12 de abril de 2007

Mientras escribe...

...la música clásica suena en la habitación de al lado, la puede escuchar perfectamente. Por la ventana entre todas las luces de la ciudad, le llaman la atención dos rojas y titilantes, que parecen comunicarse entre ellas, en un lenguaje indescifrable y lento, donde un saludo lleva meses y una charla años. El sonido del piano domina ahora la escena, con crescendos y decrescendos uno atrás de otro. Melodías rápidas y acordes dramáticos dan paso a una melodía lenta, casi romántica. Luego silencio. Y luego de nuevo el piano vertiginoso. Se sienta derecho en la silla, mientras escribe, y mira para afuera, buscando estrellas en el cielo nocturno. No ve ninguna, todas ocultas, tímidas de las de la tierra, las de las casas. Las luces rojas siguen su conversación, nada las inmuta. Toma un poco de te, casi frió, mientras piensa que mas escribir, hacia donde va este texto misteriosos que avanza al mismo tiempo que el tiempo. Sueña, tal vez, con que si logra escribir lo suficiente, el texto seguirá creándose solo, por inercia, contando su vida en detalle. Deja la boina a un lado y se levanta los pelos aplastados, sonríe ante lo ridículo de su idea, pero… se equivoca, borra, corrige. Como si eso fuera tan fácil en la vida. ¿Lo es? Se encoge de hombros, que importa. Mientras se rasca la espalda mira su pasado, frente suyo y piensa en su futuro, que siempre le escapa, siempre a sus espaldas. Sin importar cuan rápido gire, nunca puede ver nada. La melodía le hace recordar a un paisaje del Edén, con una cascada fría. Sonríe sutilmente. Y se atreven a decirle que tiene cara de nada, de Poker. Pero el conoce esa cara perfectamente, cada expresión cada sutileza, cada surco y arruga. Es una cara viva, llena de matices y reacción, moldeada con lágrimas y sonrisas, con besos y moretones. Termino la música y así este texto. Silencio.

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