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Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos.

Rayuela, capitulo 93, Julio Cortazar
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martes, 2 de noviembre de 2010

Leyendo un poco: Memorias Impuras de Liliana Bodoc

América nació de sangre. Sangre nativa, criolla y realista. Sangre bien espesa, de la que no se cuela en las estampitas de Billiken.
Andres Valenzuela. Sobre Simon, de Trillo y Risso.

Memorias Impuras nos muestra una situación que fue real en un mundo fantástico: el “nuevo” mundo colonizado por el “viejo”; pueblos y costumbres oprimidas; sangre derramada y sacrificios por un incierto, pero pretendido mundo mejor. De la mano de un cronista, que se esfuerza por ser sincero en sus mentiras e imparcial en sus verdades, vamos conociendo cómo se gesta una revolución en Albora, ciudad capital del Virreynato. Una revolución en dos frentes: el de aquellos que quieren un orden nuevo, libre para todos, y el de los que quieren volver a lo viejo, lleno de privilegios y escaso de perdones. Y en el medio, la revolución de una Alcahueta, una revolución de sí misma, eligiendo entre sobrevivir y amar.
Me aventuraría a afirmar que la mayor virtud de Liliana Bodoc no es escribir, sino su don para realizar retratos. Son, sin duda, maravillosos, naturalistas y al mismo tiempo llenos de detalles expresionistas, que desbordan magia y fantasía. Pero Bodoc no (sólo) retrata personas y personajes con maestría; aún mejores y más indelebles son sus retratos de las sociedades, sus costumbres, sus peripecias para sobrevivir, cambiar y evolucionar. Los sueños de los cue cué; el poder de los crudos, venidos de la Metrópoli; los mitimaes, el pueblo originario, sostenido en la añoranza por su antigua historia; y los cambujos, aquellos que en su mezcla son parte de todo.
Bodoc tiene algo muy claro: la magia siempre existe en sus mundos, en sus historias. Pero también sabe que existe en el nuestro, y que esa magia son las palabras. Pocos magos hay como ella. Busca siempre contarnos las cosas de la manera más bella e inesperada; incluso las situaciones desagradables están relatadas con una pureza de formas y palabras cautivadoras. Para decir negro dirá “del color del cuervo”, para hablar del statu quo destrozado dirá “las piedras del orden se disolvieron”.
Hay dos aspectos que quiero comentar del libro. Uno es la historia del narrador, el escriba, que se introduce en la trama de la revolución con sus comentarios; así, sabemos sus opiniones, conocemos algo de su vida y presenciamos cómo, de a poco, se enamora.
El otro punto que quiero remarcar es que, lamentablemente, la historia no termina acá. El libro continúa en una segunda parte que nunca salió. Encontré algunas referencias en entrevistas que indican que en el 2008 le estaba dando los últimos toques, pero yo, al menos, no encuentro que se haya publicado. Una lástima, porque el final abierto no es de esos que nos dejan la posibilidad de llenarlo nosotros mismos
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