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Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos.

Rayuela, capitulo 93, Julio Cortazar
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lunes, 24 de septiembre de 2007

El olvido

EL OLVIDO


Él intentaba aproximar lo más posible su cabeza a la pequeña abertura por la cual entraba el preciado calor y otras veces el temido frío. Horas pasaba estirando el cuello para conseguir una bocanada de aire fresco ¿Horas? ¡Días!
De vez en cuando, no sabía si cada tantas horas o cada tantos días, un golpe metálico lo sobresaltaba, distrayéndolo, avisándole que era el momento que esperaba. Su pecho se arrastraba por cada centímetro del conocido suelo, sus brazos raspaban contra las estrechas paredes, así hasta llegar al preciado pedazo de pan rancio, de carne seca y a ese pequeño vaso de agua. Pero a veces el golpe metálico no sucedía. Pasaba mucho tiempo en el silencio absoluto. En esas ocasiones, lloraba por comer, moría por beber, desesperado estiraba su cuello, con la lengua afuera, buscando, en días de lluvia, alguna gota que calmara su sed. Tal era el hambre que no sabia cual era el piso y cual el techo. Una voz muy lejana le decía que no tenia sentido si el final iba a ser el mismo. La ignoraba. No le hacia caso.
En esta ocasión el golpe no trae comida, trae la luz añorada, pero en vez del consuelo, lo deja en una blanca oscuridad. Las voces soñadas son ruidos tortuosos en sus oídos. La caminata olvidada le trae, por primera vez en mucho tiempo, la posibilidad de extender los brazos. Pero esa libertad es interrumpida. Lo sientan. Lo atan. La oscuridad reemplaza a la luz, ésta a la oscuridad y por fin, solo siente calor.
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