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Vos no elegís la lluvia que te va a calar hasta los huesos.

Rayuela, capitulo 93, Julio Cortazar
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jueves, 17 de junio de 2010

Crónicas de otra vida (IV)

El tachero, al apenas subirme, empezó a hablar de lo contento que estaba porque se había arreglado con su esposa tras varios años de separación. ¿Qué carajo me importaba? La gente cada vez estaba más acostumbrada a esta noche perpetua y retomaban sus vidas, como si no fuese más que un efecto especial de una película. A la mitad del viaje, me harté de escucharlo y me bajé, sin esperar el cambio.

Para ser sincero, en un principio se había reaccionado de una manera natural y civilizada:

El mundo había entrado en pánico.

Miedo, robos, proclamas del fin del mundo, disturbios, suicidios, algunos asesinatos. Lo esperable. Pero al pasar los días la gente empezó a retomar sus vidas normales, al parecer todo seguía funcionado como antes, solo que el sol se había apagado y no parecía importarle a casi nadie. Deambule sin rumbo, sin fijarme por donde iba, sin frenar a menos que me obligase un semáforo o algo así. La gente, la noche y en especial la mujer que solía llamarse Romina Pascua.

Llegué a un barrio que parecía fuera de lugar, en pleno centro de la ciudad sus casas tenían amplios jardines y sus calles eran tranquilas, silenciosas. Éstas confluían en una plaza pequeña y circular. Una hamaca se movía, vacía, solitaria. En uno de los bancos, sentado, con una pipa apagada en la boca y con su traje impecable, me esperaba el Segundo Hombre Delgado.

- Lo estaba esperando – me dijo

- Lamento llegar tarde - contesté siguiéndole el juego – me distraje paseando un rato. Es un lindo día – remarqué día haciendo un gesto de apostrofes con ambas manos. Él soltó una risita horrible.

- Veo que no le gusta la noche.

- Todo lo contrario, pero en su justa medida…

- A mi al contrario – me interrumpió – me fascina. No sé, siempre me ayuda a pensar a encontrarme mejor conmigo mismo, me ayuda a darme cuenta con claridad, cuales son mis sentimientos. Claridad. Eso es lo que aporta la noche a la humanidad. Claridad para saber su camino. – Me lo quedé mirando. El a su vez miraba hacia el cielo. ¿De qué estaba hablando? No entendía nada. Todavía. Algo me quemaba, a la altura de mi bolsillo. – Dejese de tonterías señor Carreras – me dijo distrayéndome del calor – No lo intente, apartese, siga con su vida como todos los demás. Deje el sol como está. – Y se fue caminando despacio, sin darse vuelta.

Mi bolsillo otra vez estaba frío.


(sigue...)

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